Voluntariado ante los incendios en Galicia 

Voluntariado ante los incendios en Galicia. Cómo actúa el voluntariado cuando el fuego alcanza las aldeas gallegas.

Los incendios forestales que afectaron a distintos puntos de Galicia generaron una respuesta vecinal marcada por la movilización espontánea de personas dispuestas a trasladar suministros y colaborar en las zonas más castigadas. La magnitud de esa oleada, que se enmarcó en un año especialmente grave para los incendios en España, llevó a numerosos habitantes de áreas rurales a organizarse para atender necesidades inmediatas.

Entre quienes decidieron participar se encontraba Fátima Pego, voluntaria que cargó su vehículo con agua para trasladarla hasta lugares afectados por las llamas. Su explicación resumió el componente emocional que acompañó a muchas de aquellas iniciativas: el vínculo con la tierra y con las aldeas formaba parte de la vida cotidiana de buena parte de la población gallega. Cuando el fuego avanzó sobre ese territorio, la reacción de ayudar surgió, en muchos casos, de manera inmediata.

El papel de las herramientas manuales frente a las llamas

Uno de los elementos que ha cobrado protagonismo entre las peticiones procedentes de las aldeas es el batefuegos, una herramienta manual concebida para actuar sobre llamas de vegetación baja mediante golpes controlados. Su funcionamiento se basa en interrumpir temporalmente la combustión al presionar y desplazar el material vegetal ardiendo, reduciendo el contacto entre la llama y el combustible disponible.

Desde el punto de vista técnico, este tipo de herramienta pertenece a los medios manuales de ataque directo. Su eficacia depende de factores como la intensidad del fuego, la velocidad de propagación, el tipo de vegetación y la distancia a la que pueda trabajar la persona. En situaciones de elevada carga térmica, su utilización queda limitada por las propias condiciones del frente.

Qué es un batefuego y qué función desempeña

El batefuego dispone habitualmente de un mango alargado y una pala flexible fabricada con material resistente al calor, generalmente goma reforzada o elementos similares. Su geometría permite realizar movimientos de golpeo y arrastre sobre la vegetación, de modo que la llama recibe un aporte de energía contrario a su propagación.

La explicación técnica de su funcionamiento se relaciona con el denominado triángulo del fuego, formado por combustible, oxígeno y energía térmica. Al actuar sobre la vegetación encendida, la herramienta puede disminuir temporalmente la disponibilidad de combustible y alterar las condiciones necesarias para que la combustión continúe. No se trata, por tanto, de una pala convencional, sino de un elemento diseñado específicamente para determinadas operaciones de ataque directo sobre fuegos de baja intensidad.

Fabricación artesanal y traslado de material a las aldeas

La falta de determinados medios en algunas zonas ha llevado a los voluntarios a recurrir a soluciones improvisadas para fabricar herramientas similares. La estructura básica puede partir de un mango resistente al que se incorpora una superficie flexible capaz de soportar el contacto puntual con el terreno y la vegetación caliente.

En las movilizaciones descritas por Pego, estas herramientas se trasladaban posteriormente hasta las aldeas donde eran solicitadas. Entre los materiales empleados para fabricar la parte flexible se han señalado elementos reutilizados, como fragmentos de neumáticos o alfombrillas de vehículos, fijados mediante piezas metálicas. El resultado pretende reproducir el principio de funcionamiento de una herramienta forestal específica, aunque sus prestaciones no son necesariamente equivalentes a las de un equipo profesional homologado.

Por qué el golpeo puede modificar la propagación de una llama

El comportamiento de un incendio forestal depende en buena medida de la continuidad del combustible. La vegetación seca, las ramas, la hojarasca y otros restos vegetales pueden facilitar que el frente avance de forma rápida cuando existen condiciones favorables.

La actuación mecánica sobre ese combustible puede producir un efecto localizado. Al golpear una llama pequeña contra el suelo o desplazar material vegetal incandescente, se reduce durante unos instantes la disponibilidad de elementos que mantienen la combustión. A ello se suma una alteración de la transferencia de calor, especialmente relevante en fuegos superficiales de reducida intensidad.

Este mecanismo es diferente al de una descarga de agua. Mientras el agua actúa principalmente mediante absorción de calor y enfriamiento, una herramienta manual de golpeo interviene sobre la continuidad del combustible y sobre la propia llama. La diferencia explica por qué cada recurso tiene unas condiciones concretas de utilización.

Agua, material sanitario y suministros para las zonas afectadas

La movilización ciudadana no se limita a las herramientas manuales. Entre las necesidades señaladas por los grupos que colaboran sobre el terreno figuran garrafas de agua, gafas, material ignífugo, gasas y otros productos destinados a atender las necesidades derivadas de las condiciones de trabajo, además de alimentos para animales que han quedado sin pasto.

El transporte y distribución de estos recursos requiere coordinación con las estructuras locales encargadas de organizar la llegada de materiales. Por este motivo, las personas interesadas en colaborar suelen canalizar su ayuda a través de ayuntamientos, agrupaciones de Protección Civil y organizaciones de voluntariado, evitando desplazamientos descoordinados hacia áreas donde se desarrollan las operaciones.

La logística se convierte en otra pieza de la respuesta

El portal online seguridadproteccioncontraincendios.es menciona que, cuando un incendio afecta simultáneamente a varias localidades, la disponibilidad de suministros adquiere una dimensión logística. No solo importa conseguir agua, alimentos o material, sino determinar dónde hacen falta, en qué cantidad y quién puede recibirlos y distribuirlos.

Esta dinámica convierte a los voluntarios en un apoyo complementario para las comunidades afectadas. La aportación puede consistir en reunir materiales, cargarlos en vehículos particulares y trasladarlos hasta los puntos establecidos. En las zonas rurales, donde las aldeas pueden encontrarse separadas por varios kilómetros, esa capacidad de movimiento adquiere especial relevancia. 

La diferencia entre una herramienta forestal y una solución improvisada

Desde una perspectiva técnica, conviene distinguir entre un equipo diseñado específicamente para trabajos forestales y una herramienta fabricada de forma artesanal. Los materiales profesionales están concebidos para soportar esfuerzos repetidos, ofrecer una determinada resistencia mecánica y facilitar un uso continuado en condiciones exigentes.

Una fabricación improvisada puede reproducir parcialmente el principio de funcionamiento, pero sus características pueden variar considerablemente. Factores como la resistencia del mango, el sistema de fijación, la elasticidad de la goma o la estabilidad de la pieza condicionan el comportamiento durante el uso. Por ello, el término utilizado para describir ambas soluciones no implica que tengan idénticas prestaciones.

Una respuesta vecinal marcada por la solidaridad

La experiencia relatada por Fátima Pego refleja una movilización que combina solidaridad, arraigo territorial y capacidad de organización. Su decisión de cargar el coche con agua representa una de las muchas formas de colaboración que pueden surgir cuando las llamas afectan a espacios habitados y a territorios estrechamente ligados a la población local.

La respuesta de los vecinos también pone de manifiesto la importancia de coordinar las aportaciones con las necesidades concretas de cada localidad. Agua, productos sanitarios, alimentos para animales y determinados materiales pueden resultar necesarios en momentos diferentes, por lo que su distribución organizada permite orientar los recursos hacia los puntos donde son requeridos.

El avance de los incendios deja así una realidad que va más allá del frente de llamas: las comunidades rurales también afrontan desplazamientos, pérdida de pastos, daños en el entorno y alteraciones en su actividad cotidiana. En ese escenario, la solidaridad vecinal se convierte en una de las expresiones más visibles de la respuesta social ante la emergencia.